Por si alguien aún no se ha enterado, hace un par de días
operaron al Rey.
Aparte del asunto más o menos morboso de ver al Rey con cara de dolor en las audiencias, o de las bromas que pueda hacer sobre su “pasada por el taller”, el caso es que esta operación ha abierto varias cajas de Pandora: que si hay que regular la función del Príncipe de Asturias, que si debería haberse operado en un hospital público, que si no quiero ir a La Paz porque allí murió Franco ... un montón de temas en los que por su trascendencia (y mi ignorancia de la cosa dinástica y legislativa) no voy a entrar.
En lo que sí voy a entrar es en la elección del cirujano: ha venido el Doctor Cabanela,
desde la Clínica Mayo, la buena, la de Rochester.
el mayor especialista del mundo mundial en este tipo de
operaciones. Estoy completamente segura de que es un profesional fantástico. Además,
ha tenido la delicadeza de no cobrar por el trabajo realizado (el otro día en
la radio comentaban que el trabajo de un profesional de su prestigio en una
operación de este tipo pude llegar a costar 200.000 US $, un buen pellizco.
¿Por qué se puede producir una infección de este tipo?
Puede ocurrir por múltiples factores independientemente de que todo el proceso
(antes-durante y después de la operación) se haya realizado con el máximo rigor
(tampoco sé de esto, pero tengo mis contactos). Y yo me pregunto:
¿Qué pensará de todo esto el pobre doctor Villamor, responsable de la primera operación de cadera? ¿O es que de repente ha tenido una luxación de pulgar y no puede operar? ¿Se le ha olvidado cómo se hace? Me cuesta pensar que haya sido él quien, voluntariamente, haya declinado esta responsabilidad. Y, aunque no lo conozco de nada, me dolería creer que se haya visto desacreditado por algo que está completamente fuera de su control, como es la presencia de alguna bacteria rebelde, completamente oculta a cualquier analítica previa.
¿Cuántas veces pasan cosas así en las empresas? De repente un día se alinean los planetas en contra de alguien que lleva años haciendo bien su trabajo, y sus jefes, en lugar de apoyarlo, lo defenestran. ¿Qué nivel de compromiso se puede esperar? Desde los primeros estudios de Herbert y Blanchard, cuando el Liderazgo Situacional era aún la “Teoría del Ciclo Vital del Liderazgo”, uno de los aspectos más valorados por los colaboradores en sus jefes es el denominado Comportamiento de Apoyo (de hecho, cuando las circunstancias económicas lo permiten, los empleados dejan a los jefes, no a las empresas .
Personalmente, prefiero el otro estilo, el de los jefes que asumen el riesgo que error que implica el hecho de delegar, pero siguen dando la cara por ti. Y sé de lo que hablo, porque me ha pasado a mí y lo he visto a mi alrededor, y no sólo en las películas (que también, como en este magnífico ejemplo de la serie Mad Men, donde podemos ver un caso de “abandono” (representado por Bertram Cooper, desautorizando una decisión de Draper) como de todo lo contrario por parte de Roger Sterling al final de la escena. Muy ilustrativo.
¿Y vosotros, qué tal suerte habéis tenido con vuestros
jefes? Espero vuestros comentarios.
¡Y buen finde otoñal!
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